LA RIOJA ARDE Y EL GOBIERNO NACIONAL MIRA PARA OTRO LADO: EL ZONDA AMENAZA CON REAVIVAR EL INFIERNO

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El incendio fue contenido en gran parte de su perímetro, pero el frente sur continúa activo. Mientras brigadistas y bomberos arriesgan sus vidas, la emergencia vuelve a desnudar un país sometido al ajuste y sin una política federal de prevención a la altura del peligro.

El incendio en La Rioja mantiene en vilo a toda la región mientras el sector sur de Guanchín continúa activo y el viento zonda amenaza con convertir nuevamente la montaña en un infierno. Después de cuatro días de lucha, los equipos lograron contener cerca del 70% del perímetro, aunque las próximas horas podrían destruir parte del enorme esfuerzo realizado.

Brigadistas forestales, bomberos voluntarios, baqueanos, personal sanitario y trabajadores municipales sostienen un operativo agotador en condiciones extremas. Frente a ellos hay fuego, humo, quebradas de difícil acceso y ráfagas capaces de reactivar cualquier brasa. Detrás, aparece una realidad política cada vez más dolorosa: cuando una provincia enfrenta una catástrofe, la respuesta vuelve a descansar sobre quienes ponen el cuerpo en el territorio.

La emergencia riojana no puede presentarse como un simple episodio climático. En una Argentina atravesada por el ajuste, el abandono de las economías regionales y la reducción del Estado a una planilla contable, cada incendio expone la fragilidad de las comunidades que quedan lejos de los escritorios de la Casa Rosada.

BRIGADISTAS CONTRA EL FUEGO Y CONTRA EL ABANDONO

Los frentes norte y este fueron contenidos, pero todavía permanecen bajo vigilancia. En esas zonas, los equipos realizan tareas de enfriamiento y control para evitar que los puntos calientes vuelvan a encenderse ante un cambio repentino del viento.

La situación más delicada se concentra en la Quebrada de Los Manzanos. Allí, la vegetación seca, el relieve montañoso y las ráfagas conforman una combinación explosiva que podría favorecer una nueva expansión de las llamas.

Tres aviones hidrantes realizaron descargas de agua sobre sectores estratégicos durante la jornada del jueves. El apoyo aéreo fue fundamental para reforzar las líneas de defensa, aunque debió suspenderse temporalmente cuando el humo y la escasa visibilidad comenzaron a poner en riesgo a las aeronaves.

Mientras los pilotos esperaban una mejora de las condiciones, los trabajadores terrestres continuaron avanzando por caminos serranos y zonas de enorme dificultad. Esa imagen resume una Argentina desigual: héroes anónimos enfrentando el desastre con recursos limitados, mientras el Gobierno nacional celebra el recorte como si la ausencia del Estado no tuviera consecuencias.

EL ZONDA PUEDE HACER ESTALLAR OTRA VEZ LA MONTAÑA

La alerta naranja por viento zonda encendió todas las alarmas. Las ráfagas pueden elevar la temperatura, reducir la humedad y transportar chispas hacia sectores que hasta ahora permanecían protegidos.

Por esa razón, el incendio en La Rioja todavía no puede considerarse derrotado. Una modificación brusca del clima podría reactivar focos residuales y abrir nuevos frentes en cuestión de minutos.

Los principales puntos de riesgo fueron detectados en la finca Los Bordos, la Quebrada de Los Manzanos, la Quebrada del Xincal y el puesto Las Cabañas. Otro foco permanece bajo observación en Santa Florentina, cerca de la Torre Alta y la Quebrada Liguera.

La humedad nocturna ayudó a disminuir parcialmente la intensidad de las llamas, pero el viento volvió a complicar el operativo durante la mañana. Neblina, humo y visibilidad casi nula obligaron a los equipos a avanzar con extrema precaución.

EL AJUSTE NO APAGA INCENDIOS

Las catástrofes ambientales no se combaten con discursos de mercado ni con cadenas nacionales dedicadas a festejar recortes. Se enfrentan con inversión, prevención, infraestructura, aviones operativos, brigadistas capacitados y un Estado presente antes, durante y después de la emergencia.

El Gobierno nacional construyó una narrativa donde todo gasto público aparece como un enemigo. Sin embargo, cuando una montaña arde, cuando el humo entra en las ciudades y cuando una familia rural teme perderlo todo, queda claro que la motosierra no reemplaza una política ambiental.

La Rioja necesita respuestas concretas y coordinación federal. No alcanza con dejar la responsabilidad completa sobre bomberos voluntarios, municipios, trabajadores provinciales y vecinos solidarios mientras desde Buenos Aires se observa la tragedia como un problema lejano.

Un país verdaderamente federal no abandona a sus provincias cuando llega el fuego. Tampoco espera que el desastre se vuelva viral para reconocer que existen comunidades expuestas, recursos naturales en peligro y trabajadores agotados.

EL HUMO LLEGÓ HASTA CHILECITO

Las primeras llamas fueron detectadas el lunes en el paraje La Yareta, cerca de la Ruta Nacional 40. En pocas horas, el fuego avanzó por la sierra, superó los 2.800 metros sobre el nivel del mar y generó una enorme columna de humo que alcanzó la zona urbana de Chilecito.

La velocidad del avance sorprendió incluso a bomberos experimentados. Las condiciones climáticas transformaron el episodio en un incendio atípico, generalizado y difícil de contener.

Personal médico realiza controles preventivos a quienes participan del operativo. La inhalación de humo, el cansancio acumulado y las extensas jornadas representan otro frente de peligro para los hombres y mujeres que sostienen la lucha.

Detrás de cada uniforme hay una persona que arriesga su salud para proteger el patrimonio natural y la vida de otros. Esa entrega merece reconocimiento, pero también recursos, planificación y respaldo institucional permanente.

INVESTIGAN UNA POSIBLE NEGLIGENCIA HUMANA

La Policía de Chilecito abrió una investigación para determinar cómo comenzaron las llamas. La principal hipótesis apunta a una posible negligencia humana ocurrida durante la jornada anterior al inicio del incendio.

Testimonios de puesteros indicaron que cerca de cien vehículos habrían subido a la sierra. Algunas personas podrían haber encendido fuego para cocinar y abandonado el lugar sin apagar correctamente las brasas.

Hasta el momento no se informaron detenciones. Las autoridades solicitaron fotografías, videos, registros o testimonios que permitan reconstruir las circunstancias previas al comienzo del siniestro.

Determinar responsabilidades resulta indispensable, pero la discusión no puede terminar allí. La prevención también exige controles, campañas de concientización, vigilancia territorial y capacidad de reacción inmediata.

LA RIOJA LUCHA MIENTRAS EL PODER CENTRAL SE DESENTIENDE

El fuego todavía no fue vencido. Cada ráfaga puede cambiar el escenario y transformar una zona contenida en un nuevo frente de emergencia.

Los brigadistas seguirán trabajando mientras las condiciones lo permitan. Bomberos, baqueanos y personal de apoyo continuarán recorriendo las quebradas para apagar puntos calientes y defender las áreas que todavía permanecen a salvo.

La tragedia vuelve a mostrar el enorme valor de la organización comunitaria y del Estado en el territorio. También deja una pregunta incómoda para el poder central: ¿cuántas provincias deberán arder antes de comprender que gobernar no consiste únicamente en recortar?

La Rioja necesita presencia, inversión y una respuesta federal inmediata. Porque mientras el Gobierno nacional convierte el ajuste en una bandera, son los trabajadores y los pueblos del interior quienes siguen pagando las consecuencias con humo, miedo y fuego.

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