Dólares para Manhattan, miseria para los abuelos: Milei viaja a Nueva York con viáticos millonarios mientras ajusta a los jubilados

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El lema de campaña rezaba que “no hay plata”, pero la rigidez fiscal parece aplicarse exclusivamente de la Casa Rosada hacia afuera. En las últimas horas, el presidente Javier Milei volvió a subirse al avión oficial para iniciar otra incursión por los Estados Unidos, con epicentro en la ciudad de Nueva York. La agenda: un discurso ante la Asamblea General de la ONU, reuniones con lobistas de Wall Street y foros conservadores.

El traslado, que moviliza a una nutrida comitiva de funcionarios, asesores y personal de seguridad con viáticos dolarizados y reservas en hoteles de primer nivel internacional, desató una profunda indignación social. Ocurre en el momento más dramático para el sistema previsional argentino, donde el haber mínimo apenas alcanza a cubrir un tercio de la canasta básica del adulto mayor.

El contraste de la crueldad: viáticos VIP vs. PAMI desmantelado

El periplo neoyorquino del mandatario no representa un viaje de Estado aislado: forma parte de un patrón sistemático de traslados al exterior donde los resultados tangibles para la economía real brillan por su ausencia. Mientras no ingresa un solo dólar genuino para la inversión productiva, la infraestructura o la industria pesada, el costo de las horas de vuelo, combustible, logística de traslado y dietas en el extranjero recae íntegramente sobre las arcas públicas.

En la otra vereda de la realidad nacional, los jubilados sufrieron en carne propia la aplicación más brutal de la “motosierra”. A la decisión de vetar la ley de actualización previsional aprobada por el Congreso —que otorgaba una recomposición mínima frente a la inflación— se sumó la quita de subsidios a decenas de medicamentos esenciales a través del PAMI. Para los mayores de 60 años, la receta libertaria se traduce en resignar tratamientos oncológicos, cardiovasculares o contra la hipertensión porque la jubilación se diluye frente al aumento sideral de los alimentos y las tarifas.

Aplausos en Wall Street, repudio en la calle

En Manhattan, el cronograma presidencial incluye auditorios alfombrados donde inversores especulativos celebran el ajuste fiscal sobre el lomo de los sectores vulnerables. Los aplausos que Milei cosecha en el norte financiero contrastan brutalmente con los miércoles de gas pimienta y bastonazos frente al Congreso, donde los jubilados reclaman pacíficamente un ingreso que les permita vivir con dignidad.

Ninguna de las reuniones del mandatario en el exterior ha traído consigo fábricas abiertas, créditos para el desarrollo ni puestos de trabajo calificados. Por el contrario, la política exterior del Gobierno se limita a una subordinación ideológica irrestricta que ofrece los recursos naturales y estratégicos de la patria a precio de remate, mientras utiliza los dólares de las reservas no para reactivar el consumo, sino para financiar la ostentación de la cúpula estatal.

Un modelo que rompe la solidaridad intergeneracional

La doctrina liberal que impera en Balcarce 50 concibe a la previsión social como un “gasto improductivo” y no como un derecho humano adquirido tras décadas de aporte y trabajo. Al recortar sobre quienes construyeron la Nación, el Gobierno no solo dinamita la justicia social, sino que destruye el pacto intergeneracional básico que sostiene a cualquier comunidad organizada.

El contraste ya es inocultable para la sociedad argentina. Para el pueblo trabajador y los abuelos: tarifazos, inflación en alimentos y miseria planificada. Para la casta que prometieron combatir: vuelos en primera clase, comitivas doradas y discursos en inglés a miles de kilómetros de la realidad que duele.

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